miércoles, 3 de diciembre de 2014

No sé.

Es difícil hablar de agua cuando sólo has sido arena, 
pero bien claro, como el agua, puede dejarme la sed, que nunca antes tuve problema con ella
incluso aunque siempre me acompañase a enterrarme viva, y es lindo llamar sed 
a la soledad.
Aunque no es lindo llamarla y que te responda la llamada.


O tal vez sí, no sé.


Incontables veces el agua tuvo poder para hundirme,
incontables veces mi terco filtro lo dejó pasar.
Y así con todo, 
y así contigo. 

Que de entender a sentir, nunca hubieron delgadas líneas para mí,
ni entendí, ni sentí.

Y sí que es tortuoso entender y sentir tarde,
cuando tú, que fuiste agua y nunca sed, te rendiste
y empacaste los mil y un nacimientos que tendías ante mis días.

Qué lindo tú, y que lindo todo, hasta que se me agotó tu paciencia.
Qué lindo tú, y qué linda yo, hoy que se me ha antojado beber,
hoy que estás a tres metros, y más, hundiendo otro cuerpo.

Y qué linda yo, joder, a miles de kilómetros escribiendo(te) con mucha sed.

Qué maravilloso tú, hasta que se me agotó tu paciencia, sí, 


no sé.






La frigidez del tiempo dejó atrás todas las palabras,  incluso las no dichas. Hubo tanto que desaprender,  sin embargo la vida se mostró dem...