miércoles, 7 de octubre de 2015

Juro que no recuerdo ni su nombre,
Mas moriré llamándola María,
No por simple capricho de poeta:
Por su aspecto de plaza de provincia.
¡Tiempos aquellos!, yo un espantapájaros,
Ella una joven pálida y sombría.
Al volver una tarde del Liceo
Supe de la su muerte inmerecida,
Nueva que me causó tal desengaño
Que derramé una lágrima al oírla.
Una lágrima, sí, ¡quién lo creyera!
Y eso que soy persona de energía.
Si he de conceder crédito a lo dicho
Por la gente que trajo la noticia
Debo creer, sin vacilar un punto,
Que murió con mi nombre en las pupilas,
Hecho que me sorprende, porque nunca
Fue para mí otra cosa que una amiga.
Nunca tuve con ella más que simples
Relaciones de estricta cortesía,
Nada más que palabras y palabras
Y una que otra mención de golondrinas.
La conocí en mi pueblo (de mi pueblo
Sólo queda un puñado de cenizas),
Pero jamás vi en ella otro destino
Que el de una joven triste y pensativa.
Tanto fue así que hasta llegué a tratarla
Con el celeste nombre de María,
Circunstancia que prueba claramente
La exactitud central de mi doctrina.
Puede ser que una vez la haya besado,
¡Quién es el que no besa a sus amigas!
Pero tened presente que lo hice
Sin darme cuenta bien de lo que hacía.
No negaré, eso sí, que me gustaba
Su inmaterial y vaga compañía
Que era como el espíritu sereno
Que a las flores domésticas anima.
Yo no puedo ocultar de ningún modo
La importancia que tuvo su sonrisa
Ni desvirtuar el favorable influjo
Que hasta en las mismas piedras ejercía.
Agreguemos, aun, que de la noche
Fueron sus ojos fuente fidedigna.
Mas, a pesar de todo, es necesario
Que comprendan que yo no la quería
Sino con ese vago sentimiento
Con que a un pariente enfermo se designa.
Sin embargo sucede, sin embargo,
Lo que a esta fecha aún me maravilla,
Ese inaudito y singular ejemplo
De morir con mi nombre en las pupilas,
Ella, múltiple rosa inmaculada,
Ella que era una lámpara legítima.
Tiene razón, mucha razón, la gente
Que se pasa quejando noche y día
De que el mundo traidor en que vivimos
Vale menos que rueda detenida:
Mucho más honorable es una tumba,
Vale más una hoja enmohecida,
Nada es verdad, aquí nada perdura,
Ni el color del cristal con que se mira.
Hoy es un día azul de primavera,
Creo que moriré de poesía,
De esa famosa joven melancólica
No recuerdo ni el nombre que tenía.
Sólo sé que pasó por este mundo
Como una paloma fugitiva:
La olvidé sin quererlo, lentamente,
Como todas las cosas de la vida.
(Nicanor Parra) 

Niño, niño.

Ven a que el viento aspire tus tempestades
a que el cielo te duela en las entrañas
escarba hasta que nazcan alas en tus garras
lánzate a llenar tus vacíos de ti. 


Habla con lo eterno,
corre sobre los charcos
ven,
ven,
abracemos la lluvia.

Gatea sobre hojas secas,
obsérvalos, a todos ellos,
nadar,
nadar como pececillos
por la corriente de sus rutinas.

¿Te duelen más a ti?
Llueve, llueve.
Tú, niño gris,
llueve.

Que nadie será tu canción, 
que nadie la entonará como tú.

Ven,
ven y arranca de las ramas 
todo pájaro aterrado.
Grita,
grita cada suspiro enfurecido,
resurge en cada sueño cohibido,

muere,
muere tu vida,
así giman tus dolores de placer,
así tu vida muera escabulléndose en adioses impronunciables.

Adiós,
niño gris,
niño verde,
no solo,
siendo solo.

lunes, 28 de septiembre de 2015

La migraña quedó en aquel cigarrillo robado,
y se me ha ido el valor para olvidar entre el humo,
siento el pecho rasgado por memorias
y el alma atestada de acordes desafinados,
las noches me han ido robando los colores,
y a ratos no sé cómo pintarme con toda esta soledad elegida.

El viento me hace más ajena,
mi mente mantiene el vuelo,
pero mi cuerpo sólo pesa más,
sumando recuerdos y silencios estridentes.

Y a todo este derrumbe,
no viene más que esparcirlo un poco más,
a ver si logro desenterrar una pequeña dosis de cordura,
y poder siquiera pronunciar algún regreso.

Aferrarse no es más que hacer un pacto apurado con decepcionantes conclusiones.

domingo, 27 de septiembre de 2015

...Y para nada.

Se me han olvidado las palabras en los dedos,
del balcón ya no puedo observar con nostalgia todo lo que ya no estás,
y el que me duelas en la risa ya es más rutina que sentimiento.
Mi propio reloj me ha clavado en el pecho sus agujas,
y cada salto que da sobre su espacio,
va dejando trocitos de mi vacío regados en todo este silencio.

No he de mentir, aún me pregunto en tu mente,
aún intento reflejarme en tanta mudez,
a veces no sé reprimir las insulsas ganas de asomarme y espiarte el alma, 
sólo para convencerme que tanto tiempo se encargó de borrarnos de cada canción,
de cada lugar,
de cada mirada. 

Y el punto de todo es,
que estas letras importan tan poco ya,
como los meses que caminamos con los ojos vendados por caminos contrarios,
con las risas ciegas luchando por encontrarse y hacer de una sola incauta palabra,
mil veranos.
Que no importaron,
aunque luego,
un poco sí,
y para nada.

Para un hoy lleno de tachones.
Vacío.
Nada.

domingo, 13 de septiembre de 2015


Niña cielo,
niña mar,
niña viento,
niña adiós.

Niña pájaro,
niña jaula,
niña risa
de cornisa.

Niña lluvia,
niña saltos,
niña huida
de charco en charco.

Niña azul,
de niño verde,
pintó de negro
lo que sabía a rojo.

Niña letras,
niña sin rimas,
niña sin toque,
niña sin queda.

Niña vacío,
niña vestida de papel,
niña con más cabello
que niña sentida.

Niño, niño,
niño verde,
vete, vete
que le dueles en olvidos.

martes, 8 de septiembre de 2015


¿Qué me ha(s) dado, que vivo? 
¿Qué me ha(s) dado, que muero?
¿Qué me da(s), que tengo ojos?
¿Qué me da(s), que tengo alma?

¿Qué me ha(s) dado, que lloro de no poder llorar
y río de lo poco que he reído?
¿Qué me da(s), que ni (te) vivo ni (te) muero?


Poema original de César Vallejo:


¿Qué me ha dado, que vivo?
¿Qué me ha dado, que muero?
¿Qué me da, que tengo ojos?
¿Qué me da, que tengo alma?

¿Qué me ha dado, que lloro de no poder llorar
y río de lo poco que he reído?
¿Qué me da, que ni vivo ni muero?




viernes, 21 de agosto de 2015




“Cómo gasto papeles recordándote, 
cómo me haces hablar en el silencio, 
cómo no te me quitas de las ganas.”
— Silvio Rodríguez


Y me duele.
me duele en cada canción en la que ya no está,
los dolores son muchos,
y diferentes.
pero todos abrazan sus ausencias.
Supongo que extrañar es el precio por cada risa.

sábado, 15 de agosto de 2015

No, hoy.

Tal vez no hoy, pero lo haré,
lo haré,
esta voz olvidará tu nombre,
y cada Luna de Julio olvidará que nos vio juntos.

Este pecho vacío, 
tomara aire hecho tiempo y seguirá.
Tal vez no vivo, tal vez no muerto,
pero volverán los pálpitos,
latirá con las mil fuerzas que no pudieron reencontrarte.

Esa risa que se me fue en tus bolsillos,
saldrá a hurtadillas cualquier melancólica noche,
de esas que vienen siempre a la misma hora a visitarme,
y entonces reiré,
tal vez con la tristeza de tu ausencia aún adherida a ella.

Supongo que mi risa no volverá a ser la misma
después de que te conocí.
Ni mi alma se retorcerá de emoción igual,
que cuando te veía venir.
O cuando venías y no lo veía venir.

Tal vez no hoy, 
pero lo haré.

Cuando regrese a esa ciudad que te contiene,
ya no respiraré con las esperanzas 
de atraparte por casualidad en las calles.

Todas esas canciones que nos recuerdan,
serán las mismas que nos olvidarán.
Entonces dejaré de luchar con ese nudo en mi garganta
cada vez que lea a Ernesto 
y te pinte en cada palabra.

Tal vez no hoy,
ni mañana. 
Tal vez estoy tragando entero, el hecho de que me duela hasta el cabello,
de que ya no me quieras más, amor.
Que sea realmente tu voz, la que se haya olvidado de mi nombre.

lunes, 10 de agosto de 2015

No me culpes si hoy me he levantado invernal,
y la lluvia me ha hecho eco.
Siento una necesidad de tirarme en picada contigo en mí,
que me causa espanto verte en trocitos luego del impacto.
Traigo las rodillas hechas un desastre,
tras el camino de tropezones que me he pintado,
y tal vez por eso no entiendas
que a tanta necesidad de ti,
tenga que obligarme a dejarte ir.
Lo ha dicho,
lo ha dicho todo.

Ha dicho que en un abrazo
hemos hecho todo el amor que nos faltaba,
ha dicho que de vivir se echan las promesas a la basura.

En su mirada está ese lenguaje silencioso,
ese que te besa con la mirada y te ve con el habla.

Es mágico y exacto,
no le teme a soñar, 
pero respeta el tiempo en que lo hace.

Ríe, ríe mucho,
y no sabe que en esa risa
caben todas mis nostalgias,
y que por eso amo tanto que ría.

Supongo que llorar podés con cualquiera, ¿no?
Safarte y explotar,
llover en cualquier ciudad.
Pero reír, así, tan ciertamente,
no es fortuito,
ni aleatorio.

Ha dicho que no le dé la espalda,
pero que si lo llego a hacer,
se quedará a apreciarla.

Claro que puedo darte la espalda, 
y decirte ven, 
a trazarle agujas de relojes sin tiempo
con tus dedos bailarines.

No dejes eso, flaco,
que esa risa te cierre siempre los ojitos,
no des tu corazón, flaco,
déjalo ahí en tu pecho,
donde dormitaré en mis leves tiempos de soledad,
sólo con su latido
y tu pecho cálido.

Creo que ya has logrado pasar,
y has cerrado la puerta.
Que el viento nos saque por la ventana,
y nos lleve a correr.


domingo, 9 de agosto de 2015

Narcosis.

Volver a pasar por viejas calles que nos conocieron
con gente que me ve sin mí por ir sin ti.
Volver a saber por terceros que nos conocieron,
que realmente vas sin ti desde mí.
Resulta que me traje tu caja de risas entre mi orgullo,
y lo olvidé en la indiferencia de aquel aeropuerto.
Hoy me paseo por calles ajenas a lo que fuimos,
lejanas a nuestras huidas con golosinas,
y aún así es el mismo cielo en el que te veo,
pero ya no eres tú.

He recibido de tu boca un saludo que aunque viniese de ti,
ya no tenía nada de ti,
y entonces pienso que tal vez,
uno se convierte en el tiempo que una vez perdió.

Que alguna vez (me) perdiste tanto el tiempo,
que esa corriente de pérdida te arrastró a ti,
y ya no he podido alcanzarte.

Dijiste ''no'' y tardé dos años en traducirlo a un adiós,
dijiste ''he cambiado''
y tardaré toda una vida para aceptarlo.

Nadie nace preparado para vivir mil muertes en un jamás tan eterno
como tú,
el que ya no eres.





lunes, 27 de julio de 2015

Me siento diminuta
entre la sombra de mi nombre
y de lo que me nombra,
qué soy.

''Cisza.''


Mil noches sin luna siguen pasando,
y tampoco hay sol que me levante.
Que hablo de recaídas
y de recuerdos,
que es lo mismo.

Hoy he vuelto a llorar leyendo a Pizarnik,
y he vuelto a recordar que no olvido,
que se me ha dado de lo bonito dejar lo efímero quedarse en eterno,
que he soñado con un 25 de un día sin nombre,
de un mes sin tiempo.

Vengo de romper lo irrompible,
de golpearme contra las rocas
y abrazarme a ellas.
Que no llueve.
Que así no sea tarde,
es de noche.

Y me dibujo, 
par de alas sin vuelo,
rotas y sin concilio.

Y sólo he vuelto
 para perderme,
me he quedado prendida de las nubes
en el regreso.

Si ustedes tan solo las vieran,
como tan de cerca yo las vi,
entenderían esa hermosura que es imposible describir.

Vacías, intocables, llanas y amables.
Sabias de inmensidad, que silenciosas.
Hasta que no.
Y llueven.
Y oscurecen.
Y son ellas,
no lo que todos ven.
Y nos pudrimos todos,
es su tristeza,
solo suya.

Y en esa nostalgia de las gotas caídas,
me rompo yo al estrellar contra el suelo,
otra parte de mí queda pendida a un cielo,
un lugar más al que no me adhiero.

Ahora es la sequedad de mi presencia,
esa con olor a inexistencia,
y que así lo dijo ella,
si no escribo, 
seré ausencia.

viernes, 19 de junio de 2015

Clair de lune.



Tenías que pasarme algún día, ¿No?
Y es que no terminas de ver,
el pavor que me da eso de dejarme llevar,
eso de que me nombres, 
y simplemente comience a ser.


Siempre he odiado ser.


Porque siempre te nombran
para hacerte pertenecer, 
y mira que aún llevo esta mirada
de aún no saber de huidas bonitas permaneciendo.

Que cualquier domingo
me levanto de mis penas
y me echo a correr entre el hastío
hecho lluvia.

Pero tú no lo entiendes,
que es bonito que te quieran las huidas, 
también.

Y que te dejen ir,
sólo a unos silencios de distancia.
Sólo a unas pocas soledades,
de esas que se niegan a ser compartidas.

Que mires al cielo,
cuando me alejo,
para que me veas llover;
y entonces rías porque lo he logrado
que no, que entonces no mires al suelo,
buscando mis pesares en los que tanto me callo,
y tanto tú te ahogas.

Que si caigo, sea en ti,
aun así quedando adheridos al suelo,
que si no nos podemos levantar,
sigamos cayendo hacia el cielo.

Déjame seguir siendo sin querer ser,
déjame huirle al confort,
y deja de esposarme con futuros,
ellos y yo nunca hemos sido buenos amigos.

Sé incierto conmigo,
sé ese único rincón alejado de mi hastío,
existamos en soledad,
bailemos el silencio,
y olvidemos conjugar los verbos,
que sólo exista un tiempo.

Nosotros, hoy.




martes, 2 de junio de 2015

Tú, vicio.

No, no saben ustedes de fortuna,
si no han contado cada uno de sus lunares
como un peso de infinitas maravillas
en todo ese vacío que nos ha hecho pozo.

No saben ustedes de encontrarse a sí mismos,
si no se han ahogado primero entre sus párpados,
de como cuando estuviste restado,
y a un simple flash te sumaron la vida.

No es de salvaciones de lo que hablo,
porque entre tanto escombro,
de lo único que nos haremos será de miedos,
pero y quién me dice a mí
que no puedo lamerte los dolores,
quién me dice a mí,
que no puedo hacer de tu piel,
esa manta que le falta a mis melancolías.

No he de mentir, si es que aún me siento perdida
no concibo la idea de hacer tuyas mis soledades,
que muy a lo Bukowski, de haber algo mal en mí,
lo hay, como también mi aversión a curarme.

Pero que vengas, vamos a hacer de este mundo,
nuestro mundo aparte,
enfermo y loco
como tu cabello.

Buscar nuestro cielo,
que al demonio las alas,
volar es contigo, incluso
tumbados en tu edredón.

Llover,
todo lo que el puto verano
se ha negado,
llover a tus soledades,
y que sólo crezcan
ganas de que te hundas,
y te ahogues en mí.

Hacer de mi océano,
tu único hogar,
de mis vacíos,
todos tus espacios
a llenar.

Hacer de ti,
ese quién adonde,
y ese con quién
huir,
habitar.

jueves, 21 de mayo de 2015

Y... Ay...

No veo cielo desde tus silencios,
ni lluvia bajo las nubes de tus pestañas.

No veo mi reflejo en el café cálido de tus pupilas,
ni veo risas desde los tejados de tu amnesia.

Que vamos dejando de ser esos tonos en verde
que pintaban los bosques desde nuestra ventana.

¡Y, ay! De aquellos inviernos que ya no nos contienen,
ni lo harán nunca más.

¡Y, ay! De aquellos verbos conjugados en futuro
que nos han dejado escapar entre los miedos.

Yo, que odio ser pasado entre tus parpados bonitos,
lluevo letras que se me van escurriendo entre los dedos
con toda tu esencia despintada.

Justo como se me ha escapado tu presencia en la corriente del olvido,
es que ya no encuentro maneras bonitas de terminar mis poemas,
porque terminando contigo,
pintando aviones de risas
en nuestro propio cielo
es que nos veo en cada sueño.

Y que me ando encaprichando,
con lo feliz que se era entre
tus carcajadas.

(Y sí, querido lector,
hablo mucho de su risa,
tal vez porque ha sido ese único hogar,
en el que supe habitar de verdad.)

domingo, 17 de mayo de 2015

Ritornare II

Se me olvidó pintar el café de tus ojos
por otro que ya no estuviese tan perdido,
se me olvidó desandar esa misma calle
en la que te grité que te fueras.

Se me ha olvidado dejar en paz a Ludovico
para dejar la estúpida costumbre
de desvelarme escribiendo
los ecos de tus risas.

Es que se me ha pasado eso
de que hace ya mucho tiempo
me convertí en ayer,
y yo te juro, amor,
que aún me andaba reflejando
en tus carcajadas.

Hoy me han dicho
que el tiempo
nos traerá de vuelta,
porque en la ausencia
de tus tristezas,
cabían todas las mías.

Y es que se les olvida
que ya la vida me mide
en lapsos de 951 Km,
a grandes zancadas de olvido,
y de una nariz más respingada.

Que no importa, se me olvidó
lo posible
de lo imposible
que mi testarudez
te haría.

Pero pues claro que importa,
y claro que se me ha olvidado,

que a ti si no se te olvidó,
y que tampoco te importa ya.

Que al fin, no puedes esperar
aplausos en tu regreso
si te fuiste una vez
sin despedirte.

Y menos, si no fue sólo una puta vez.

domingo, 10 de mayo de 2015

Dos, tres horas para disfrutar(te).

Se supone que debería ser fácil escribirle a mis malos pasos
pero es que incluso gateando llevo a rastras las (des)ganas
y no tengo la menor idea de cómo sujetar mis propios lazos
que son un montón de cebras sin color y sin textura.

Me es casi imposible hacer amistad con el olvido,
y mi peor defecto es reconocer lo eterno en huellas de primeras veces.
Así que, cariño, no sé a quién telefoneas,
ni sé a quién haces sonreír con este compartimiento de secretos.

De toda esta, mi fachada, no eres más que las ventanas abiertas,
sólo un espacio que he hallado para llenarme (más) de (sus) vacíos,
un alguien adonde huir con labios discretos y correctos,
propio de (t)actos equivocados, y de amores dislocados
condenados a desencadenarse en una vía férrea inestable llamada ''final''.

O tal vez no, porque sólo eres eso, un tal vez con pinta de inmensidad,
un túnel seguro, caluroso, y no de esos calurosos que detesto,
eres de ese único caluroso al que me aferro
como si toda la vida hubiese tenido frío.

Como un sendero invisible propio de huidas sin caminos de regreso,
un manojo de riesgos, un turista en esta ciudad que soy yo,
llevando un corazón tan pequeño que no le hace justicia a su centro.

Lo cierto es, cariño, no sé ni de qué malos pasos hablaba,
y de desganas ya no sé, si estoy entre tus sábanas;
de mis lazos a tus jaulas de mil puertas abiertas,
estoy a tan sólo medio beso y un te amo.

Que tal vez merezcas alguien más feliz,
y no una poeta, sí,
pero te digo que lo soy,
soy,
tan putamente feliz,
que la poesía
no se haya entre tanta dicha.

Y aquí comienza nuestro verano,
y yo,
lluevo,
porque también
sé de días lluviosos felices.

Porque al fin y al cabo,
eres sólo eso,
miles de salidas de emergencia
con pases de besos sabor a infinito.

A todo, por todo, para todo.
Y más nadie.

jueves, 2 de abril de 2015

De buscar y otros vértigos.

Te busco donde se encuentra la libertad con sus grilletes,
donde mi voz se desvanece por el peso de su vacío.
Te busco con la fuerza de mil susurros,
con imposibilidad y frustrada ilusión.

Te busco, por no hallarme, por reinventarme,
por dejar trocitos de mis huidas en el camino,
para que otros se harten de restaurar mi estirpe,
de buscar lo que ya se ha perdido en tu risa.

Te busco, porque a eso le llamo vida,
porque a ti te llamo respirar,
porque en ti si sé lo que es habitar,
sin irse, sin huirte.

Te busco, y te buscaré siempre,
hasta que tu rumbo lea mis caminos,
hasta que mis letras vuelvan a tus pupilas,
hasta que mi contrariada libertad,
pueda volver a abrazar tus jaulas.

Esas, las de risas abiertas,
las de silencios enamoradizos,
las de ti, siempre inimitable
y espontáneamente indecible.


lunes, 30 de marzo de 2015

De una ciudad en ruinas sin lluvia.

Estoy entre lo que me quiso,
con mis terquedades,
y rutinas indescifrables,
con mis huidas a cuentos
atestados de pies saltando
felices sobre hojas secas.

Estoy entre lo que hubo
de mí,
cuando me quiso,
de los lugares
que nos acompañaron
más que nuestros vacíos.

Estoy entre los andenes
que presenciaban con envidia
cada puesta de sol que su risa
se hacía con la mía,
como cada avión,
se hacía a sus vientos,
como cada brisa,
se hacía a su pelo.

que estoy, tan allá, todavía,
preocupándome mientras pienso
que, si mis recuerdos han cobrado
la vida que se fue
entre sus bolsillos,
a través de aquella estación
ávida de sus hermosos delirios;
sólo me estancaré escribiéndole
un sinfín de despedidas sin la palabra
adiós.

Y no hay nada que tema más,
que seguir escribiendo en pasado,
a ese qué, y no a ese quién;
que no es ni la mundalidad capaz,
ni siquiera, para hacerlo
un simple quién.

Pero podría acercarse la palabra lluvia,
porque en esta ciudad seca y sedienta,
siendo esa expresión una pequeña utopía,
sería como estarme comparando
a mí, ahora,
sin él.

Y es que mira que no ha llovido,
en mucho tiempo, quizá;
como él,
no ha venido,
en más tiempo, quizá,

Qué más da ya si no llueve,
yo lloveré por la ciudad,
yo lloveré por él.

Lloveré hasta por la sed,
y hasta por la sequedad
de todas estas grietas.

Lloveré por los dos,
hasta que se ahogue
tanta puta utopía.


sábado, 28 de marzo de 2015

No es que lleve muy bien la cuenta de las pérdidas que voy pisando,
ni mucho menos la cuenta del tiempo que he ignorado, 
esperando que se escabullan entre nadas este deseo opresivo de escribirte a gritos.

Lo cierto es que tampoco llevo nada bien esto de tener que ir de la mano con tu ayer,
y mucho menos tener que soportar las presunciones de mis letras, 
porque sólo dicen saberte a ti,
pero tampoco estoy lista para morir nuevamente en el intento de hacerte a un lado,
porque cuando miro atrás, nos veo riendo cómplices al cielo.



viernes, 27 de marzo de 2015

Después de ti, ha quedado un camino de cardenales sobre las cordilleras de mis memorias,
tan altas como suicidas, tan firmes como derrumbes.

Después de ti, ha quedado el leve sonsonete de mis mañanas con el sabor de tu risa en mi boca, con efectos secundarios de huidas inertes a otros alientos sin sabor y sin tacto.

Después de ti, me he quedado sin poder distinguir entre lo feliz que fui siendo muerte a tu lado, y en lo feliz que sería siendo vida en la muerte de tus abrazos.

Que después de ti, no hay más que moribundos cadáveres de reminiscencias reescribiéndote en cada página que saltan,

y la verdad es, que en lugar de sucumbir, se han ido de poetas tanto como lo han demandado tus ausencias.

miércoles, 11 de marzo de 2015

De dichos, a nada, y tú todo.

''Para llegarte al corazón, primero tendrías que tener uno.'' Acto seguido, dejó conmigo un trocito de su corazón, y un trocito de su alma, como ñapa. Harto de mis ojalá, se fue, a rastras, con mis risas en sus vocales, con mi indiferencia entre sus testigos.

Y yo me quedé con tan poco, con tanto, que cada vez, por cada minuto que le recuerdo, aquellos trocitos crecen tan adoloridos por no retener de él más que sólo su ausencia en viva presencia, y sus pestañas bailarinas convirtiendo en paisaje mis pesadillas.



lunes, 2 de marzo de 2015

''Reina de mi castillo de aire.''

Siento una urgencia extrema
de no decirte nada,
como si en mi pecho
cabalgaran ambulancias en silencio.
Debe ser que a veces
me da por pensar
que este olvido me queda algo grande:
se me cae de los dedos,
empapa mi pelo como una tormenta,
anuda mi estómago y ata mis manos.
Me sobra olvido
por los pies cuando camino
y llego a tu casa
y observo tu buzón
que me grita todo lo que no nos dijimos. 
Me sobra olvido
por las manos
cuando se abren para cogerte
y no encuentran más que vacío:
nunca imaginé que las mismas alas
que abracé con ternura
te llevarían tan lejos de mí.
Me sobra olvido
cuando duermo
y no pasa nada,
y no suenan pájaros,
y arriba solo hay techo,
y no quedan rastros del huracán:
unas bragas en el suelo o tu pelo durmiendo o tu mano
a un centímetro de la mía
-como si me hubiera buscado en sueños-;
nada,
la sábana en una esquina o la almohada mojada o tu calor
dado la vuelta;
nada,
diez llamadas perdidas o una botella de agua vacía o
tu olor empapando mi suerte;
nada,
un disco terminado en el ordenador que aún parpadea,
como si fuera una alarma que avisara
de que hasta lo más bello acaba.
Nada:
solo este orden justo y preciso,
este orden que ya es solo mío y no encuentra lugar en el que caerse,
este orden que no se va porque no vienes.
Este orden
que también me sobra.
Me sobra olvido
también
de las canciones que tengo prohibidas,
de esas palabras
que ya no sé pronunciar,
de todos los ángeles
que me abandonan,
de cada día que tropiezo
con el mismo pensamiento:
¿no es olvido y recuerdo la misma cosa?
Me sobra olvido,
ya ves qué tontería,
cómo puede sobrar algo que no se tiene.
Si pudiera llamarte amor
o si pudiera
tal vez
solo llamarte. 
Amor.
Me sobra olvido.
Me faltas tú.

martes, 17 de febrero de 2015

No hago más que escribir(te) incoherencias, con decirte que, no hago más que sentirme ridícula por tener sólo unas cuántas letras, y que todas griten acerca de ti, porque decir que hablan se queda corto, y que no me leas me pone torpe.
Caigo en cuenta que estuvimos para no ser, y fuimos para no estar. Par de tórtolos estúpidos, resumidos en todas esas cancioncitas tristes que surgieron de nuestras intermitencias.

Dos minutos, ni siquiera.

Llegué a aquella
(tu) noche, tirando mi mochila y mi paciencia
encontrando una pequeña nota en el portal
a tu mano
a tu tinta
a tu esencia.
Sólo había un dos y un siete
y un reguero de tus huellas
a través de las escaleras.


No iban a ninguna dirección
y ya no existían paraderos
en los que dibujar besos,
los semáforos volvieron a causar estragos
y las teclas de mis letras
sólo (te) memorizaron
todo.

Sólo todo.



domingo, 8 de febrero de 2015

Diego Ojeda & Escandar Algeet - Hoy.


Como un extraño entre extraños he caminado
hasta sentirme distinto
o únicamente normal
un nadie igual que cualquier otro
pero diferente de todos los demás
nadies
he caminado
como si nada pudiera hacerme daño
si tu no quieres.

Luego he pensado si todavía querrías.
Quererme.
Ahí he parado
de pensar.
Solo soy alguien más
que echa de menos tarde
y mal.


Has aparecido bailando
descalza de herraduras y desnuda de mirada
has aparecido
como por arte
de magia en cada pestañeo
como si mis ojos tuvieran
que tartamudear tu imagen
recrearla
como si yo pudiera acariciarte entre parpadeos
has aparecido
y yo le bailo el alcohol a la esperanza
de que mañana suene el despertador
y tú

no te vayas.






11:52.

Con lo que queda de éste día, puedo hacerme una diminuta coraza a trocitos de tus monumentales ausencias,
que puedo hacerme una completa loca mientras la cordura me reprocha el hecho de que le digo que eres mi puente favorito,
y eso que sin comentarle el hecho de que te he hecho trocitos tratando de arreglar aquello que en mí sólo podrían llamársele escombros.

Con lo que me queda de ésta estúpida huida, puedo quedarme a platicar con mis ojeras y darme el gusto de contarte entre mis pestañas,
de que mi ceño fruncido se quede sin comprender en qué jodido momento habrás terminado allí,
pero que ahora estés allá, en donde mis pupilas sólo podrán imaginarte, y en donde mis melancolías ya no logran ni siquiera jugar con el sueño de colarse entre las tuyas.

Con lo que queda de mí, te digo, que ya ni cuento si es caso perdido; sé que dormir dos horas ya es mucho, que lidio con el sinsabor de recordarte más de lo que me permití memorizarte, y no cuenta ser tan estúpida para perder en juegos tan fáciles si es que uno se propone salir perdiendo sin ninguno sentido fin.



miércoles, 4 de febrero de 2015

Innombrable.

¿Han visto su manía de romper miradas incautivas?
Una de la cantidad de veces que decido perderme en su aire fantasmal,
no puedo evitar pensar en ella,
que es, simplemente
es
poesía.

Se contonea con esos, tan suyos, sus ojos tristes,
color pasado,
color no olvido,
viéndose muy feliz,
pero sin creérselo.

Camina trazando líneas de no me olvides,
que no la olvido,
que seguiría sus pasos,
si sus cuotas de huida
no me dejaran huellas de su indolencia.

Que no la olvido.

Y que no, que no sé de poesía,
pero tampoco saben ustedes de ella,
ella,
y de su sonrisa mal hablada.

De su libertad,
esa que se toma con tanto hielo,

Que ojalá la vida nos arrancase los ojos
a todos.

Y ojalá ella no fuera ella,
que fuera más suya, 
y más cerca.

Menos rebuscada entre mis letras,
menos allá,
más aquí. 

O más nunca,
siempre más.



martes, 27 de enero de 2015

Sabores de displicencia.

No puedo hacer que tus caprichos quieran a los míos, ni tampoco puedo hacer que me importe.
No puedo querer a tus ganas, mientras las mías están de libertinas entre otras olas de agua dulce. 
Y no puedes hacer que me importe.
No puedes cambiar, si en ti no espero más que sinfonías de paso.
No puedes cambiarme, si de mí no esperas más que encontrar lo que ni sabes que se te ha perdido.

Y no podemos hacer que nos importe.

Que aún veo en tu mirada una curiosidad por saborear la nada, pero mi displicencia te sabe a más, y entonces ella retorna hacia mí, como quien no quiere la cosa, porque para no ser un todo, es un demasiado, un suficiente.

Y entonces tú te arrinconas en tus propias cunetas, como un chiquillo esperando ser mimado; mientras yo, sólo busco en esa carita bonita, una buena explicación para darle a mi amigo el reproche.

Y que vuelve
y juega
que ni nos importa.


viernes, 23 de enero de 2015

Tal vez algún día te deje. De escribir.

Parecía como si saboreara cada nota,
cada gota que caía sobre su alegría.
Parecía que gozaba de cada nube,
de cada sol celoso de su luz.

Parecían ser felices, ellos,
cuando sus largas pestañas
bailaban haciendo cosquillas
entre cada aleteo de su espontaneidad.

Varias veces le miré,
y le vi,
ensimismándose entre (mis) letras.

Varias veces lo atrapé
escarbando entre sus dudas
pero nunca vio pérdida
en sus incondicionales.

Caminaba, por andar
te miraba, por mirar
te sonreía,
sin saber
que
esa,
su sonrisa,
no movía montañas,
pero lograba escocerte
hasta los huesos,
y a esa,
tu alma en grietas.

Si estás por ahí, cariño,
buscando nostalgias que regar,
desearía que no fuese tan lejos,
desearía que fueses aquí.

Desearía que fueses real. 





martes, 20 de enero de 2015

Al di là del vetro.



Enero me habla de ti
de aquellos tus recuerdos
que tanto quiero (y desquise)
pero que no necesito.


Enero me habla de nuestros pasados
Eneros en los que tú
con esa carita de noche
me mirabas como si todo
y yo, como si nada.


Que me habla
y he aprendido a escuchar
tan tarde
tan fuera de.


Que tu carita de tonto
hoy sigue mirándome
como siempre
mientras murmuras
que eres como nunca.


Y cariño,
todas mis noches ahora son prestadas
y mis pesares se aferran a la ausencia de su canción favorita:

Todas tus dulces tonterías, 
 malditas invitaciones a ser feliz en esta vida.








domingo, 11 de enero de 2015

Siempres que saben a poco.

Siempre está con su carita de querer comerse el mundo a grandes trozos de intriga.
Parece que siempre esperara a alguien, pero sólo contempla lo bonito que es que no venga nadie.
Siempre está recordando segundos que no dejan de durar.
Siempre se anda estancando en recuerdos que ya no son más que eternos.
Siempre se anda estancando en nadies que una vez lo fueron todo. 
Aunque no existan.

Y en sus superficies, no hay más que una tallada coraza cansada 
con mucha vida por fingir.











Esté, o no.

Que mañana cuando despiertes, se frote mi ausencia contra tu esencia bajo las sábanas y no puedas ver amanecer sin odiar el sol.

Que mañana mientras camines del tedio a tu rutina, tropieces con los últimos besos que nunca debieron ser dados.

Y que cuando te encuentres olvidándome, me halles entre la memoria de tus brazos, y que ya no sepas como librarte del resto del mundo.


Es que no conozco peor despedida que volver a saludarse con dos besos de bienvenida.



sábado, 10 de enero de 2015

Reverie.

Hoy supe que la fatiga ha llegado ha despeinarte la paciencia.
Y es que las mentiras que dices reflejan lo que carece en tu realidad.
Entonces me pregunto si algún día lograrás ver más allá de esta piel,
que nada dice, que todo teme, que nada quiere. 
Y tú, tu propio todo ves. 



Ahora el minutero me pregunta si debe parar de contar en el mismo punto de siempre.
Dice conocerme.
Dice que así es.

Dice que soy de esas incondicionales que se pierden en la noción del tiempo.
Que no puedo estarme quieta, en mi imaginación. 
Dice que soy de las que elije quedarse a flotar con la inercia, por no darle la cara a los pesares.
Y no sabe que todas las madrugadas los hago más míos.
Dice, en forma de reproche, que no te quiero, que quiero quererte, y que me da igual el quererlo, 
y no quererte.

Entonces dudarás de mis te quiero entre besos y siseos, dudarás de mis risas, tuyas, de buenas noches,  y no habrá bien que por mí nos venga.

Y sin embargo, aquí estoy, escribiéndote sin ofrecerte ninguna otra convicción, y preparando al minutero para su próxima parada. Para mi próxima huida. 

Que el tiempo se apiade y nos deje correr. 













martes, 6 de enero de 2015

Recuerdo una vez haber estado con alguien que aseguraba que era imposible ver amaneceres estando sobrio.

Y entonces te recuerdo a ti, preocupándote por saber si la brisa existía con un maldito fin. O si todo este orbe que no deja de girar simplemente tenía otro maldito punto que sobrevivir.

Y entonces comprendo que hay personas que simplemente no valen la pena ser recordadas, mientras que a otras sólo las quieres abrazar con todas tus nostalgias.
Que nunca he sido una mortal adherida a los apegos, que ha valido para mí miles de minas de nada aquellos hechos en el uno se quede y el otro se vaya, que el que se quede se hastíe de mi hastío, y que al que se vaya la puta vida le sonría.

¿La vida sonríe? Tal vez la gente ve que sonríe porque está letalmente dormida. Tal vez por eso la peculiaridad de esta indiferencia que a los despiertos nos quita el sueño. Y tal vez por eso le llamo puta.


Y entonces te recuerdo a ti, y sé que se puede huir de todo menos de lo que se pierde. Y qué puta la vida.


Cuentacuentos.

Yo, que siempre he sido más de saltar a los profundos acantilados del silencio
Y tú, que siempre has sido más de cabalgar entre mis oscuridades, arrasando con mis monstruosas melancolías por delante, dejando miles de diablos infartándose de risa.

Tú, que siendo el único rubor que ha tenido mi vida, me has dejado esperando en el mismo lugar en el que te grité que te marcharas, sin palabras, sin voz.
Y yo, qué risa el yo, cuando besabas cada superficie de mis inseguridades y aún decías que no hallabas defectos que no salieran a tus ganas de hablar tonterías que para mí eran un inevitable hecho a reírme de la vida por un eterno instante.

Y recordarlo cada melancólico día, sin saber digerir que ya no era contigo con quién lloraba a la belleza de la soledad por no saber apreciarla.











La frigidez del tiempo dejó atrás todas las palabras,  incluso las no dichas. Hubo tanto que desaprender,  sin embargo la vida se mostró dem...