Que mañana mientras camines del tedio a tu rutina, tropieces con los últimos besos que nunca debieron ser dados.
Y que cuando te encuentres olvidándome, me halles entre la memoria de tus brazos, y que ya no sepas como librarte del resto del mundo.
Es que no conozco peor despedida que volver a saludarse con dos besos de bienvenida.
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