lunes, 30 de marzo de 2015

De una ciudad en ruinas sin lluvia.

Estoy entre lo que me quiso,
con mis terquedades,
y rutinas indescifrables,
con mis huidas a cuentos
atestados de pies saltando
felices sobre hojas secas.

Estoy entre lo que hubo
de mí,
cuando me quiso,
de los lugares
que nos acompañaron
más que nuestros vacíos.

Estoy entre los andenes
que presenciaban con envidia
cada puesta de sol que su risa
se hacía con la mía,
como cada avión,
se hacía a sus vientos,
como cada brisa,
se hacía a su pelo.

que estoy, tan allá, todavía,
preocupándome mientras pienso
que, si mis recuerdos han cobrado
la vida que se fue
entre sus bolsillos,
a través de aquella estación
ávida de sus hermosos delirios;
sólo me estancaré escribiéndole
un sinfín de despedidas sin la palabra
adiós.

Y no hay nada que tema más,
que seguir escribiendo en pasado,
a ese qué, y no a ese quién;
que no es ni la mundalidad capaz,
ni siquiera, para hacerlo
un simple quién.

Pero podría acercarse la palabra lluvia,
porque en esta ciudad seca y sedienta,
siendo esa expresión una pequeña utopía,
sería como estarme comparando
a mí, ahora,
sin él.

Y es que mira que no ha llovido,
en mucho tiempo, quizá;
como él,
no ha venido,
en más tiempo, quizá,

Qué más da ya si no llueve,
yo lloveré por la ciudad,
yo lloveré por él.

Lloveré hasta por la sed,
y hasta por la sequedad
de todas estas grietas.

Lloveré por los dos,
hasta que se ahogue
tanta puta utopía.


sábado, 28 de marzo de 2015

No es que lleve muy bien la cuenta de las pérdidas que voy pisando,
ni mucho menos la cuenta del tiempo que he ignorado, 
esperando que se escabullan entre nadas este deseo opresivo de escribirte a gritos.

Lo cierto es que tampoco llevo nada bien esto de tener que ir de la mano con tu ayer,
y mucho menos tener que soportar las presunciones de mis letras, 
porque sólo dicen saberte a ti,
pero tampoco estoy lista para morir nuevamente en el intento de hacerte a un lado,
porque cuando miro atrás, nos veo riendo cómplices al cielo.



viernes, 27 de marzo de 2015

Después de ti, ha quedado un camino de cardenales sobre las cordilleras de mis memorias,
tan altas como suicidas, tan firmes como derrumbes.

Después de ti, ha quedado el leve sonsonete de mis mañanas con el sabor de tu risa en mi boca, con efectos secundarios de huidas inertes a otros alientos sin sabor y sin tacto.

Después de ti, me he quedado sin poder distinguir entre lo feliz que fui siendo muerte a tu lado, y en lo feliz que sería siendo vida en la muerte de tus abrazos.

Que después de ti, no hay más que moribundos cadáveres de reminiscencias reescribiéndote en cada página que saltan,

y la verdad es, que en lugar de sucumbir, se han ido de poetas tanto como lo han demandado tus ausencias.

miércoles, 11 de marzo de 2015

De dichos, a nada, y tú todo.

''Para llegarte al corazón, primero tendrías que tener uno.'' Acto seguido, dejó conmigo un trocito de su corazón, y un trocito de su alma, como ñapa. Harto de mis ojalá, se fue, a rastras, con mis risas en sus vocales, con mi indiferencia entre sus testigos.

Y yo me quedé con tan poco, con tanto, que cada vez, por cada minuto que le recuerdo, aquellos trocitos crecen tan adoloridos por no retener de él más que sólo su ausencia en viva presencia, y sus pestañas bailarinas convirtiendo en paisaje mis pesadillas.



lunes, 2 de marzo de 2015

''Reina de mi castillo de aire.''

Siento una urgencia extrema
de no decirte nada,
como si en mi pecho
cabalgaran ambulancias en silencio.
Debe ser que a veces
me da por pensar
que este olvido me queda algo grande:
se me cae de los dedos,
empapa mi pelo como una tormenta,
anuda mi estómago y ata mis manos.
Me sobra olvido
por los pies cuando camino
y llego a tu casa
y observo tu buzón
que me grita todo lo que no nos dijimos. 
Me sobra olvido
por las manos
cuando se abren para cogerte
y no encuentran más que vacío:
nunca imaginé que las mismas alas
que abracé con ternura
te llevarían tan lejos de mí.
Me sobra olvido
cuando duermo
y no pasa nada,
y no suenan pájaros,
y arriba solo hay techo,
y no quedan rastros del huracán:
unas bragas en el suelo o tu pelo durmiendo o tu mano
a un centímetro de la mía
-como si me hubiera buscado en sueños-;
nada,
la sábana en una esquina o la almohada mojada o tu calor
dado la vuelta;
nada,
diez llamadas perdidas o una botella de agua vacía o
tu olor empapando mi suerte;
nada,
un disco terminado en el ordenador que aún parpadea,
como si fuera una alarma que avisara
de que hasta lo más bello acaba.
Nada:
solo este orden justo y preciso,
este orden que ya es solo mío y no encuentra lugar en el que caerse,
este orden que no se va porque no vienes.
Este orden
que también me sobra.
Me sobra olvido
también
de las canciones que tengo prohibidas,
de esas palabras
que ya no sé pronunciar,
de todos los ángeles
que me abandonan,
de cada día que tropiezo
con el mismo pensamiento:
¿no es olvido y recuerdo la misma cosa?
Me sobra olvido,
ya ves qué tontería,
cómo puede sobrar algo que no se tiene.
Si pudiera llamarte amor
o si pudiera
tal vez
solo llamarte. 
Amor.
Me sobra olvido.
Me faltas tú.

La frigidez del tiempo dejó atrás todas las palabras,  incluso las no dichas. Hubo tanto que desaprender,  sin embargo la vida se mostró dem...