viernes, 19 de junio de 2015

Clair de lune.



Tenías que pasarme algún día, ¿No?
Y es que no terminas de ver,
el pavor que me da eso de dejarme llevar,
eso de que me nombres, 
y simplemente comience a ser.


Siempre he odiado ser.


Porque siempre te nombran
para hacerte pertenecer, 
y mira que aún llevo esta mirada
de aún no saber de huidas bonitas permaneciendo.

Que cualquier domingo
me levanto de mis penas
y me echo a correr entre el hastío
hecho lluvia.

Pero tú no lo entiendes,
que es bonito que te quieran las huidas, 
también.

Y que te dejen ir,
sólo a unos silencios de distancia.
Sólo a unas pocas soledades,
de esas que se niegan a ser compartidas.

Que mires al cielo,
cuando me alejo,
para que me veas llover;
y entonces rías porque lo he logrado
que no, que entonces no mires al suelo,
buscando mis pesares en los que tanto me callo,
y tanto tú te ahogas.

Que si caigo, sea en ti,
aun así quedando adheridos al suelo,
que si no nos podemos levantar,
sigamos cayendo hacia el cielo.

Déjame seguir siendo sin querer ser,
déjame huirle al confort,
y deja de esposarme con futuros,
ellos y yo nunca hemos sido buenos amigos.

Sé incierto conmigo,
sé ese único rincón alejado de mi hastío,
existamos en soledad,
bailemos el silencio,
y olvidemos conjugar los verbos,
que sólo exista un tiempo.

Nosotros, hoy.




martes, 2 de junio de 2015

Tú, vicio.

No, no saben ustedes de fortuna,
si no han contado cada uno de sus lunares
como un peso de infinitas maravillas
en todo ese vacío que nos ha hecho pozo.

No saben ustedes de encontrarse a sí mismos,
si no se han ahogado primero entre sus párpados,
de como cuando estuviste restado,
y a un simple flash te sumaron la vida.

No es de salvaciones de lo que hablo,
porque entre tanto escombro,
de lo único que nos haremos será de miedos,
pero y quién me dice a mí
que no puedo lamerte los dolores,
quién me dice a mí,
que no puedo hacer de tu piel,
esa manta que le falta a mis melancolías.

No he de mentir, si es que aún me siento perdida
no concibo la idea de hacer tuyas mis soledades,
que muy a lo Bukowski, de haber algo mal en mí,
lo hay, como también mi aversión a curarme.

Pero que vengas, vamos a hacer de este mundo,
nuestro mundo aparte,
enfermo y loco
como tu cabello.

Buscar nuestro cielo,
que al demonio las alas,
volar es contigo, incluso
tumbados en tu edredón.

Llover,
todo lo que el puto verano
se ha negado,
llover a tus soledades,
y que sólo crezcan
ganas de que te hundas,
y te ahogues en mí.

Hacer de mi océano,
tu único hogar,
de mis vacíos,
todos tus espacios
a llenar.

Hacer de ti,
ese quién adonde,
y ese con quién
huir,
habitar.

La frigidez del tiempo dejó atrás todas las palabras,  incluso las no dichas. Hubo tanto que desaprender,  sin embargo la vida se mostró dem...