martes, 27 de enero de 2015

Sabores de displicencia.

No puedo hacer que tus caprichos quieran a los míos, ni tampoco puedo hacer que me importe.
No puedo querer a tus ganas, mientras las mías están de libertinas entre otras olas de agua dulce. 
Y no puedes hacer que me importe.
No puedes cambiar, si en ti no espero más que sinfonías de paso.
No puedes cambiarme, si de mí no esperas más que encontrar lo que ni sabes que se te ha perdido.

Y no podemos hacer que nos importe.

Que aún veo en tu mirada una curiosidad por saborear la nada, pero mi displicencia te sabe a más, y entonces ella retorna hacia mí, como quien no quiere la cosa, porque para no ser un todo, es un demasiado, un suficiente.

Y entonces tú te arrinconas en tus propias cunetas, como un chiquillo esperando ser mimado; mientras yo, sólo busco en esa carita bonita, una buena explicación para darle a mi amigo el reproche.

Y que vuelve
y juega
que ni nos importa.


viernes, 23 de enero de 2015

Tal vez algún día te deje. De escribir.

Parecía como si saboreara cada nota,
cada gota que caía sobre su alegría.
Parecía que gozaba de cada nube,
de cada sol celoso de su luz.

Parecían ser felices, ellos,
cuando sus largas pestañas
bailaban haciendo cosquillas
entre cada aleteo de su espontaneidad.

Varias veces le miré,
y le vi,
ensimismándose entre (mis) letras.

Varias veces lo atrapé
escarbando entre sus dudas
pero nunca vio pérdida
en sus incondicionales.

Caminaba, por andar
te miraba, por mirar
te sonreía,
sin saber
que
esa,
su sonrisa,
no movía montañas,
pero lograba escocerte
hasta los huesos,
y a esa,
tu alma en grietas.

Si estás por ahí, cariño,
buscando nostalgias que regar,
desearía que no fuese tan lejos,
desearía que fueses aquí.

Desearía que fueses real. 





martes, 20 de enero de 2015

Al di là del vetro.



Enero me habla de ti
de aquellos tus recuerdos
que tanto quiero (y desquise)
pero que no necesito.


Enero me habla de nuestros pasados
Eneros en los que tú
con esa carita de noche
me mirabas como si todo
y yo, como si nada.


Que me habla
y he aprendido a escuchar
tan tarde
tan fuera de.


Que tu carita de tonto
hoy sigue mirándome
como siempre
mientras murmuras
que eres como nunca.


Y cariño,
todas mis noches ahora son prestadas
y mis pesares se aferran a la ausencia de su canción favorita:

Todas tus dulces tonterías, 
 malditas invitaciones a ser feliz en esta vida.








domingo, 11 de enero de 2015

Siempres que saben a poco.

Siempre está con su carita de querer comerse el mundo a grandes trozos de intriga.
Parece que siempre esperara a alguien, pero sólo contempla lo bonito que es que no venga nadie.
Siempre está recordando segundos que no dejan de durar.
Siempre se anda estancando en recuerdos que ya no son más que eternos.
Siempre se anda estancando en nadies que una vez lo fueron todo. 
Aunque no existan.

Y en sus superficies, no hay más que una tallada coraza cansada 
con mucha vida por fingir.











Esté, o no.

Que mañana cuando despiertes, se frote mi ausencia contra tu esencia bajo las sábanas y no puedas ver amanecer sin odiar el sol.

Que mañana mientras camines del tedio a tu rutina, tropieces con los últimos besos que nunca debieron ser dados.

Y que cuando te encuentres olvidándome, me halles entre la memoria de tus brazos, y que ya no sepas como librarte del resto del mundo.


Es que no conozco peor despedida que volver a saludarse con dos besos de bienvenida.



sábado, 10 de enero de 2015

Reverie.

Hoy supe que la fatiga ha llegado ha despeinarte la paciencia.
Y es que las mentiras que dices reflejan lo que carece en tu realidad.
Entonces me pregunto si algún día lograrás ver más allá de esta piel,
que nada dice, que todo teme, que nada quiere. 
Y tú, tu propio todo ves. 



Ahora el minutero me pregunta si debe parar de contar en el mismo punto de siempre.
Dice conocerme.
Dice que así es.

Dice que soy de esas incondicionales que se pierden en la noción del tiempo.
Que no puedo estarme quieta, en mi imaginación. 
Dice que soy de las que elije quedarse a flotar con la inercia, por no darle la cara a los pesares.
Y no sabe que todas las madrugadas los hago más míos.
Dice, en forma de reproche, que no te quiero, que quiero quererte, y que me da igual el quererlo, 
y no quererte.

Entonces dudarás de mis te quiero entre besos y siseos, dudarás de mis risas, tuyas, de buenas noches,  y no habrá bien que por mí nos venga.

Y sin embargo, aquí estoy, escribiéndote sin ofrecerte ninguna otra convicción, y preparando al minutero para su próxima parada. Para mi próxima huida. 

Que el tiempo se apiade y nos deje correr. 













martes, 6 de enero de 2015

Recuerdo una vez haber estado con alguien que aseguraba que era imposible ver amaneceres estando sobrio.

Y entonces te recuerdo a ti, preocupándote por saber si la brisa existía con un maldito fin. O si todo este orbe que no deja de girar simplemente tenía otro maldito punto que sobrevivir.

Y entonces comprendo que hay personas que simplemente no valen la pena ser recordadas, mientras que a otras sólo las quieres abrazar con todas tus nostalgias.
Que nunca he sido una mortal adherida a los apegos, que ha valido para mí miles de minas de nada aquellos hechos en el uno se quede y el otro se vaya, que el que se quede se hastíe de mi hastío, y que al que se vaya la puta vida le sonría.

¿La vida sonríe? Tal vez la gente ve que sonríe porque está letalmente dormida. Tal vez por eso la peculiaridad de esta indiferencia que a los despiertos nos quita el sueño. Y tal vez por eso le llamo puta.


Y entonces te recuerdo a ti, y sé que se puede huir de todo menos de lo que se pierde. Y qué puta la vida.


Cuentacuentos.

Yo, que siempre he sido más de saltar a los profundos acantilados del silencio
Y tú, que siempre has sido más de cabalgar entre mis oscuridades, arrasando con mis monstruosas melancolías por delante, dejando miles de diablos infartándose de risa.

Tú, que siendo el único rubor que ha tenido mi vida, me has dejado esperando en el mismo lugar en el que te grité que te marcharas, sin palabras, sin voz.
Y yo, qué risa el yo, cuando besabas cada superficie de mis inseguridades y aún decías que no hallabas defectos que no salieran a tus ganas de hablar tonterías que para mí eran un inevitable hecho a reírme de la vida por un eterno instante.

Y recordarlo cada melancólico día, sin saber digerir que ya no era contigo con quién lloraba a la belleza de la soledad por no saber apreciarla.











La frigidez del tiempo dejó atrás todas las palabras,  incluso las no dichas. Hubo tanto que desaprender,  sin embargo la vida se mostró dem...