Recuerdo una vez haber estado con
alguien que aseguraba que era imposible ver amaneceres estando sobrio.
Y entonces te recuerdo a ti, preocupándote
por saber si la brisa existía con un maldito fin. O si todo este orbe que no
deja de girar simplemente tenía otro maldito punto que sobrevivir.
Y entonces comprendo que hay personas que
simplemente no valen la pena ser recordadas, mientras que a otras sólo las
quieres abrazar con todas tus nostalgias.
Que nunca he sido una mortal adherida a los apegos, que ha valido para mí miles de minas de nada aquellos hechos en el uno se quede y el
otro se vaya, que el que se quede se hastíe de mi hastío, y que al que se vaya la
puta vida le sonría.
¿La vida sonríe? Tal vez la gente ve que
sonríe porque está letalmente dormida. Tal vez por eso la peculiaridad de esta
indiferencia que a los despiertos nos quita el sueño. Y tal vez por eso le
llamo puta.
Y entonces te recuerdo a
ti, y sé que se puede huir de todo menos de lo que se pierde. Y qué puta la
vida.
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