Yo, que siempre he sido más de saltar a
los profundos acantilados del silencio
Y tú, que siempre has sido más de
cabalgar entre mis oscuridades, arrasando con mis monstruosas melancolías por
delante, dejando miles de diablos infartándose de risa.
Tú, que siendo el único rubor que ha
tenido mi vida, me has dejado esperando en el mismo lugar en el que te grité
que te marcharas, sin palabras, sin voz.
Y yo, qué risa el yo, cuando besabas cada
superficie de mis inseguridades y aún decías que no hallabas defectos que no
salieran a tus ganas de hablar tonterías que para mí eran un inevitable hecho a
reírme de la vida por un eterno instante.
Y recordarlo cada melancólico día, sin
saber digerir que ya no era contigo con quién lloraba a la belleza de la
soledad por no saber apreciarla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario