jueves, 21 de mayo de 2015

Y... Ay...

No veo cielo desde tus silencios,
ni lluvia bajo las nubes de tus pestañas.

No veo mi reflejo en el café cálido de tus pupilas,
ni veo risas desde los tejados de tu amnesia.

Que vamos dejando de ser esos tonos en verde
que pintaban los bosques desde nuestra ventana.

¡Y, ay! De aquellos inviernos que ya no nos contienen,
ni lo harán nunca más.

¡Y, ay! De aquellos verbos conjugados en futuro
que nos han dejado escapar entre los miedos.

Yo, que odio ser pasado entre tus parpados bonitos,
lluevo letras que se me van escurriendo entre los dedos
con toda tu esencia despintada.

Justo como se me ha escapado tu presencia en la corriente del olvido,
es que ya no encuentro maneras bonitas de terminar mis poemas,
porque terminando contigo,
pintando aviones de risas
en nuestro propio cielo
es que nos veo en cada sueño.

Y que me ando encaprichando,
con lo feliz que se era entre
tus carcajadas.

(Y sí, querido lector,
hablo mucho de su risa,
tal vez porque ha sido ese único hogar,
en el que supe habitar de verdad.)

domingo, 17 de mayo de 2015

Ritornare II

Se me olvidó pintar el café de tus ojos
por otro que ya no estuviese tan perdido,
se me olvidó desandar esa misma calle
en la que te grité que te fueras.

Se me ha olvidado dejar en paz a Ludovico
para dejar la estúpida costumbre
de desvelarme escribiendo
los ecos de tus risas.

Es que se me ha pasado eso
de que hace ya mucho tiempo
me convertí en ayer,
y yo te juro, amor,
que aún me andaba reflejando
en tus carcajadas.

Hoy me han dicho
que el tiempo
nos traerá de vuelta,
porque en la ausencia
de tus tristezas,
cabían todas las mías.

Y es que se les olvida
que ya la vida me mide
en lapsos de 951 Km,
a grandes zancadas de olvido,
y de una nariz más respingada.

Que no importa, se me olvidó
lo posible
de lo imposible
que mi testarudez
te haría.

Pero pues claro que importa,
y claro que se me ha olvidado,

que a ti si no se te olvidó,
y que tampoco te importa ya.

Que al fin, no puedes esperar
aplausos en tu regreso
si te fuiste una vez
sin despedirte.

Y menos, si no fue sólo una puta vez.

domingo, 10 de mayo de 2015

Dos, tres horas para disfrutar(te).

Se supone que debería ser fácil escribirle a mis malos pasos
pero es que incluso gateando llevo a rastras las (des)ganas
y no tengo la menor idea de cómo sujetar mis propios lazos
que son un montón de cebras sin color y sin textura.

Me es casi imposible hacer amistad con el olvido,
y mi peor defecto es reconocer lo eterno en huellas de primeras veces.
Así que, cariño, no sé a quién telefoneas,
ni sé a quién haces sonreír con este compartimiento de secretos.

De toda esta, mi fachada, no eres más que las ventanas abiertas,
sólo un espacio que he hallado para llenarme (más) de (sus) vacíos,
un alguien adonde huir con labios discretos y correctos,
propio de (t)actos equivocados, y de amores dislocados
condenados a desencadenarse en una vía férrea inestable llamada ''final''.

O tal vez no, porque sólo eres eso, un tal vez con pinta de inmensidad,
un túnel seguro, caluroso, y no de esos calurosos que detesto,
eres de ese único caluroso al que me aferro
como si toda la vida hubiese tenido frío.

Como un sendero invisible propio de huidas sin caminos de regreso,
un manojo de riesgos, un turista en esta ciudad que soy yo,
llevando un corazón tan pequeño que no le hace justicia a su centro.

Lo cierto es, cariño, no sé ni de qué malos pasos hablaba,
y de desganas ya no sé, si estoy entre tus sábanas;
de mis lazos a tus jaulas de mil puertas abiertas,
estoy a tan sólo medio beso y un te amo.

Que tal vez merezcas alguien más feliz,
y no una poeta, sí,
pero te digo que lo soy,
soy,
tan putamente feliz,
que la poesía
no se haya entre tanta dicha.

Y aquí comienza nuestro verano,
y yo,
lluevo,
porque también
sé de días lluviosos felices.

Porque al fin y al cabo,
eres sólo eso,
miles de salidas de emergencia
con pases de besos sabor a infinito.

A todo, por todo, para todo.
Y más nadie.

La frigidez del tiempo dejó atrás todas las palabras,  incluso las no dichas. Hubo tanto que desaprender,  sin embargo la vida se mostró dem...