No, no saben ustedes de fortuna,
si no han contado cada uno de sus lunares
como un peso de infinitas maravillas
en todo ese vacío que nos ha hecho pozo.
No saben ustedes de encontrarse a sí mismos,
si no se han ahogado primero entre sus párpados,
de como cuando estuviste restado,
y a un simple flash te sumaron la vida.
No es de salvaciones de lo que hablo,
porque entre tanto escombro,
de lo único que nos haremos será de miedos,
pero y quién me dice a mí
que no puedo lamerte los dolores,
quién me dice a mí,
que no puedo hacer de tu piel,
esa manta que le falta a mis melancolías.
No he de mentir, si es que aún me siento perdida
no concibo la idea de hacer tuyas mis soledades,
que muy a lo Bukowski, de haber algo mal en mí,
lo hay, como también mi aversión a curarme.
Pero que vengas, vamos a hacer de este mundo,
nuestro mundo aparte,
enfermo y loco
como tu cabello.
Buscar nuestro cielo,
que al demonio las alas,
volar es contigo, incluso
tumbados en tu edredón.
Llover,
todo lo que el puto verano
se ha negado,
llover a tus soledades,
y que sólo crezcan
ganas de que te hundas,
y te ahogues en mí.
Hacer de mi océano,
tu único hogar,
de mis vacíos,
todos tus espacios
a llenar.
Hacer de ti,
ese quién adonde,
y ese con quién
huir,
habitar.
martes, 2 de junio de 2015
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