Después de ti, ha quedado un camino de cardenales sobre las cordilleras de mis memorias,
tan altas como suicidas, tan firmes como derrumbes.
Después de ti, ha quedado el leve sonsonete de mis mañanas con el sabor de tu risa en mi boca, con efectos secundarios de huidas inertes a otros alientos sin sabor y sin tacto.
Después de ti, me he quedado sin poder distinguir entre lo feliz que fui siendo muerte a tu lado, y en lo feliz que sería siendo vida en la muerte de tus abrazos.
Que después de ti, no hay más que moribundos cadáveres de reminiscencias reescribiéndote en cada página que saltan,
y la verdad es, que en lugar de sucumbir, se han ido de poetas tanto como lo han demandado tus ausencias.
viernes, 27 de marzo de 2015
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