Lo ha dicho,
lo ha dicho todo.
Ha dicho que en un abrazo
hemos hecho todo el amor que nos faltaba,
ha dicho que de vivir se echan las promesas a la basura.
En su mirada está ese lenguaje silencioso,
ese que te besa con la mirada y te ve con el habla.
Es mágico y exacto,
no le teme a soñar,
pero respeta el tiempo en que lo hace.
Ríe, ríe mucho,
y no sabe que en esa risa
caben todas mis nostalgias,
y que por eso amo tanto que ría.
Supongo que llorar podés con cualquiera, ¿no?
Safarte y explotar,
llover en cualquier ciudad.
Pero reír, así, tan ciertamente,
no es fortuito,
ni aleatorio.
Ha dicho que no le dé la espalda,
pero que si lo llego a hacer,
se quedará a apreciarla.
Claro que puedo darte la espalda,
y decirte ven,
a trazarle agujas de relojes sin tiempo
con tus dedos bailarines.
No dejes eso, flaco,
que esa risa te cierre siempre los ojitos,
no des tu corazón, flaco,
déjalo ahí en tu pecho,
donde dormitaré en mis leves tiempos de soledad,
sólo con su latido
y tu pecho cálido.
Creo que ya has logrado pasar,
y has cerrado la puerta.
Que el viento nos saque por la ventana,
y nos lleve a correr.
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