miércoles, 7 de octubre de 2015

Niño, niño.

Ven a que el viento aspire tus tempestades
a que el cielo te duela en las entrañas
escarba hasta que nazcan alas en tus garras
lánzate a llenar tus vacíos de ti. 


Habla con lo eterno,
corre sobre los charcos
ven,
ven,
abracemos la lluvia.

Gatea sobre hojas secas,
obsérvalos, a todos ellos,
nadar,
nadar como pececillos
por la corriente de sus rutinas.

¿Te duelen más a ti?
Llueve, llueve.
Tú, niño gris,
llueve.

Que nadie será tu canción, 
que nadie la entonará como tú.

Ven,
ven y arranca de las ramas 
todo pájaro aterrado.
Grita,
grita cada suspiro enfurecido,
resurge en cada sueño cohibido,

muere,
muere tu vida,
así giman tus dolores de placer,
así tu vida muera escabulléndose en adioses impronunciables.

Adiós,
niño gris,
niño verde,
no solo,
siendo solo.

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