La migraña quedó en aquel cigarrillo robado,
y se me ha ido el valor para olvidar entre el humo,
siento el pecho rasgado por memorias
y el alma atestada de acordes desafinados,
las noches me han ido robando los colores,
y a ratos no sé cómo pintarme con toda esta soledad elegida.
El viento me hace más ajena,
mi mente mantiene el vuelo,
pero mi cuerpo sólo pesa más,
sumando recuerdos y silencios estridentes.
Y a todo este derrumbe,
no viene más que esparcirlo un poco más,
a ver si logro desenterrar una pequeña dosis de cordura,
y poder siquiera pronunciar algún regreso.
Aferrarse no es más que hacer un pacto apurado con decepcionantes conclusiones.
lunes, 28 de septiembre de 2015
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