martes, 17 de febrero de 2015

Dos minutos, ni siquiera.

Llegué a aquella
(tu) noche, tirando mi mochila y mi paciencia
encontrando una pequeña nota en el portal
a tu mano
a tu tinta
a tu esencia.
Sólo había un dos y un siete
y un reguero de tus huellas
a través de las escaleras.


No iban a ninguna dirección
y ya no existían paraderos
en los que dibujar besos,
los semáforos volvieron a causar estragos
y las teclas de mis letras
sólo (te) memorizaron
todo.

Sólo todo.



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