Una de la cantidad de veces que decido perderme en su aire fantasmal,
no puedo evitar pensar en ella,
que es, simplemente
es
poesía.
Se contonea con esos, tan suyos, sus ojos tristes,
color pasado,
color no olvido,
viéndose muy feliz,
pero sin creérselo.
Camina trazando líneas de no me olvides,
que no la olvido,
que seguiría sus pasos,
si sus cuotas de huida
no me dejaran huellas de su indolencia.
Que no la olvido.
Y que no, que no sé de poesía,
pero tampoco saben ustedes de ella,
ella,
y de su sonrisa mal hablada.
De su libertad,
esa que se toma con tanto hielo,
Que ojalá la vida nos arrancase los ojos
a todos.
Y ojalá ella no fuera ella,
que fuera más suya,
y más cerca.
Menos rebuscada entre mis letras,
menos allá,
más aquí.
O más nunca,
siempre más.
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