Con lo que queda de éste día, puedo hacerme una diminuta coraza a trocitos de tus monumentales ausencias,
que puedo hacerme una completa loca mientras la cordura me reprocha el hecho de que le digo que eres mi puente favorito,
y eso que sin comentarle el hecho de que te he hecho trocitos tratando de arreglar aquello que en mí sólo podrían llamársele escombros.
Con lo que me queda de ésta estúpida huida, puedo quedarme a platicar con mis ojeras y darme el gusto de contarte entre mis pestañas,
de que mi ceño fruncido se quede sin comprender en qué jodido momento habrás terminado allí,
pero que ahora estés allá, en donde mis pupilas sólo podrán imaginarte, y en donde mis melancolías ya no logran ni siquiera jugar con el sueño de colarse entre las tuyas.
Con lo que queda de mí, te digo, que ya ni cuento si es caso perdido; sé que dormir dos horas ya es mucho, que lidio con el sinsabor de recordarte más de lo que me permití memorizarte, y no cuenta ser tan estúpida para perder en juegos tan fáciles si es que uno se propone salir perdiendo sin ninguno sentido fin.
domingo, 8 de febrero de 2015
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