lunes, 27 de julio de 2015

''Cisza.''


Mil noches sin luna siguen pasando,
y tampoco hay sol que me levante.
Que hablo de recaídas
y de recuerdos,
que es lo mismo.

Hoy he vuelto a llorar leyendo a Pizarnik,
y he vuelto a recordar que no olvido,
que se me ha dado de lo bonito dejar lo efímero quedarse en eterno,
que he soñado con un 25 de un día sin nombre,
de un mes sin tiempo.

Vengo de romper lo irrompible,
de golpearme contra las rocas
y abrazarme a ellas.
Que no llueve.
Que así no sea tarde,
es de noche.

Y me dibujo, 
par de alas sin vuelo,
rotas y sin concilio.

Y sólo he vuelto
 para perderme,
me he quedado prendida de las nubes
en el regreso.

Si ustedes tan solo las vieran,
como tan de cerca yo las vi,
entenderían esa hermosura que es imposible describir.

Vacías, intocables, llanas y amables.
Sabias de inmensidad, que silenciosas.
Hasta que no.
Y llueven.
Y oscurecen.
Y son ellas,
no lo que todos ven.
Y nos pudrimos todos,
es su tristeza,
solo suya.

Y en esa nostalgia de las gotas caídas,
me rompo yo al estrellar contra el suelo,
otra parte de mí queda pendida a un cielo,
un lugar más al que no me adhiero.

Ahora es la sequedad de mi presencia,
esa con olor a inexistencia,
y que así lo dijo ella,
si no escribo, 
seré ausencia.

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