La vida no es más que la marcha de miradas transeúntes al compás del arrebatado ritmo analógico de un pulso personal, la infame desdicha de individualidades excluidas y la ofuscada mentira haciéndose lugar sobre una inalterable verdad.
Aquellos que no traen en sus ideales una mente cósmica, deliberadamente condenan cada represión como dueña mitigante de sus naturalezas.
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