''¿Por qué intentamos avanzar mirando de reojo lo que pudo ser?''
Jugamos a que nuestros egos sabían de decisiones,
a llamar destino a la falta de valor,
jugamos a confundir designio
como el peor de nuestros errores.
Jugamos a ser los dueños de la próxima tormenta,
a ser prisas de otros ombligos pasajeros,
a dormir con las excusas
para quitarle sentido a nuestros amaneceres.
Jugamos a hacernos los domesticados,
porque nos iluminaba la sonrisa jugar con fuego,
dos almas transeúntes,
llegamos a reír esperando saber
qué diría el tiempo.
Jugamos a manchar el olvido
con besos de sal,
y obstruir un no sostenido
como fin del juego.
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